10 mayo 2007

Para espantar a la gente: un texto larguísimo!

CARTA AL ACTOR D.

Escrita en 1967 por Eugenio Barba a uno de sus actores, ilustra la visión teatral del director del Odin Teatret, particularmente en lo que se refiere a la actitud de un actor capaz de nutrirse de las propias necesidades personales, "las eternas preguntas sin respuesta". En el texto de Barba el teatro vocacional es visto como las catacumbas, el lugar secreto donde se prepara el nacimiento de un nuevo teatro, una nueva tradición.

Este texto se publicó por primera vez en el libro Synspunkter om kunst, Copenhague, Brondums Forlag, 1968. Ha sido traducido a numerosas lenguas. Con el paso del tiempo, esta amplia difusión del texto, junto con su carácter denso y emblemático, le han dado el valor de un manifiesto.

A menudo me ha sorprendido la falta de seriedad en tu trabajo. Y esto no se debe a la ausencia de concentración o de buena voluntad. Es la expresión de dos actitudes.

En primer lugar se tiene la impresión de que tus acciones no están dictadas por una convicción interior, por una necesidad irrefrenable que deja su marca en el ejercicio, en la improvisación, en la escena que realizas. Puedes estar concentrado en tu trabajo dándote sin economizar, tus gestos pueden ser técnicamente precisos, pero tus acciones permanecen vacías. No creo en lo que haces. Tu cuerpo dice sólo una cosa: obedezco una orden recibida del exterior. Tus nervios, tu columna vertebral, tu cerebro no están movilizados, y con una actividad epidérmica quieres hacerme creer que cada acción es vital para tí. Tú mismo no adviertes la importancia de aquello que quieres compartir con el espectador.

¿Cómo puedes, entonces, esperar que el espectador quede prendido por tus acciones? ¿Cómo puedes afirmar y hacer entender que el teatro es el lugar donde las convenciones sociales deben desaparecer para dejar espacio a una comunicación franca y absoluta? En este lugar, tú representas a la colectividad, con las humillaciones que has sufrido, con tu cinismo que es autodefensa y tu optimismo que es irresponsabilidad, con tu sentido de culpa y tu necesidad de amor, con tu nostalgia por un paraíso perdido, escondido en el pasado, en la infancia, en el calor de un ser que te hacía olvidar la angustia.

Sacudirás a todas las personas de la sala si, durante la representación, efectúas un retorno a estas fuentes, a este terreno común de la experiencia individual, a esta patria que se oculta. Éste es el lazo que te una a los otros, al tesoro sepultado en lo más profundo de nosotros mismos, que no ponemos nunca al descubierto porque es nuestro consuelo, porque duele tocarlo.

La segunda tencencia que veo en tí es el embarazo a cosniderar la seriedad de este trabajo: sientes una especie de necesidad de reír, de hacer burlas, de comentar humorísticamente lo que hacéis tu y tus compañeros. Es como si quisieras huir de las responsabilidades que sientes inherente a tu profesión y que consiste en establecer una relación con los otros hombres y en asumir la responsabilidad de lo que revelas. Te espanta la seriedad, la conciencia de estar en el límite de lo permitido. Tienes miedo de que todo lo que haces sea sinónimo de fanatismo, de aburrimiento, de asilamiento profesional. Pero en un mundo en que los hombres que nos circundan ya no creen en nada o fignen creer que para estar tranquilos, quien excava en sí mismo para afrontar su condición, su ausencia de certezas, su necesidad de vida espiritual, es tomado por un fanático o por un ingenuo. En un mundo donde la norma es el engaño, al que busca "su" verdad se le toma por hipócrita.

Debes aceptar que todo lo que creas, liberas y modelas en tu trabaj pertenece a la vida, merece respeto y protección. Tus acciones frente a la colectivdad de los espectadores deben poseer la misma fuerza que la llama escondida en la tenaza incandescente o en la voz de la zarza ardiente. Sólo entonces tus acciones podrán continuar viviendo en los sentidos y en la memoria del espectador, fermentando consecuencias imprevisibles.

Mientras estaba en su lecho de muerte, Dullin retorcía la cara asumiendo los rasgos de los grandes papeles que había encarnado: Smerdiakov, Volpone, Ricardo III. No moría sólo el hombre Dullin, sino también el actor con todas las etapas de su vida.

Si te pregunto por qué has escogido convertirte en actor, me responderás: para expresarme, para realizarme. Pero, ¿qué significa realizarse? ¿Quién se realiza? ¿El jefe de oficina Hansen, que vivió una existencia respetable, sin problemas, nunca atormentado por preguntas que permanecen sin respuestas? ¿O el romántico Gauguin, que después de romper con las normas sociales llevó a cabo su existencia en las privaciones y la miseria de una aldea polinesia, Noa-Noa, donde imaginaba haber encontrado la libertad perdida? En una época en que la fe en Dios es diagnosticada como neurosis, nos falta el metro para medir si nuestra vida se ha realizado o no. Cualesquiera que hayan sido las secretas motivaciones personales que te han conducido al teatro, ahora que ejercitas esta profesión tienes que encontrarle un sentido que, yendo más allá de tu persona, te confronte socialmente con los otros.

Sólo en las catacumbas se puede preparar una nueva vida. He aquí el lugar de quienes en nuestra época buscan un compromiso espiritual cimentándose en las eternas preguntas sin respuesta. Esto presupone coraje: la mayoría de la gente no nos necesita. Tu traajo es una forma de meditación social sobre ti mismo, sobre tu condición humana, sobre los acontecimientos de nuestro tiempo que te tocan más profundamente. En este teatro precario que molesta al pragmatismo cotidiano, cada representación puede ser la última. Y tú debes considerarla como tal, como la posibilidad de alcanzarte a ti mismo, consignando a los otros el balance de tus acciones, tu testamento.

Si ser actor significa todo esto para tí, nacerá otro teatro, otra tradición, otra técnica. Se establecerá una nueva relación entre tú y el espectador que por la noche viene a verte porque te necesita.

7 Comentarios:

Wendy Pepper dijo...

Lo que espanta es el contexto y modo, no la longuitud

Ulises dijo...

No querido, te invito a consultar el diccionario.

Wendy Pepper dijo...

No, gracias. Quedate vos con tus manuales enquilosados. Igual no te sirven, tal parece

Wendy Pepper dijo...

mmmmmmmmmmmmm!

Rambo dijo...

es verdad!
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(sólo leí el título)

Perla dijo...

Cuando esté la versión resumida la leo :)

Rambo dijo...

ahora lo leí entero, de lo cual recuerdo solo la mitad y entiendo un cuarto.

una vez en la primaria actué de naranjo.